Reflexiones de Patricia Elena

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De Lenguajes y Puentes

Mayo 11th, 2008 · 1 Commentario

“Contra la torre de Babel tendemos puentes,
Lazos que invitan a entender.
Contra la torre de Babel hacemos mundos
Hechos de mezcla y de saber…”
Pedro Guerra

Una de las fiestas cristianas que encuentra profundas resonancias en mí es la fiesta de Pentecostés, fiesta que celebramos cincuenta días después de la pascua. Se cuenta en los Hechos de los Apóstoles, que, estando la comunidad reunida y encontrándose ahí personas provenientes de diversas latitudes, los apóstoles reciben el Espíritu Santo, y al anunciar el evangelio, cada quien les escucha hablar en su lengua, en el idioma que cada uno entendía.

Y tengo que decir que, a nivel personal, la experiencia de “Pentecostés” ha sido esa que he vivido tantas veces: ésa de ver que se tienden puentes y que, inexplicablemente uno empieza a hablar el idioma del otro, a entender lo que realmente queremos decirnos; y no tiene que ver con la lengua de las palabras, sino con esa lengua subterránea y maravillosa que palpita animando cada palabra y cada gesto: el idioma del corazón.

Cuántas veces hablamos con otra persona; usamos las mismas palabras, repetimos las mismas frases, creemos estar diciendo lo mismo y un día nos damos cuenta de que estábamos hablando de algo totalmente diferente; de que esas palabras activaban cuerdas distintas en nuestro corazón y en nuestra mente. Es lo que canta Manzanero cuando dice:

“Qué tristeza; vivimos tanto tiempo el mismo techo,

Hablamos diariamente el mismo idioma

Sin darnos cuenta que jamás nos entendimos…”

Pentecostés, por el contrario, es poder encontrar la palabra, la canción, el gesto que nos conecte con el otro; que nos haga reconocer que a pesar de las diferencias, hay un puente para que podamos acercarnos; que la distancia y el miedo no son más fuertes que ese espíritu de amor que nos aglutina y nos congrega. A veces pienso que no hay “la canción perfecta”. Lo que hay es la canción apropiada para aquel que nos escucha.

Cuántas experiencias de Pentecostés: compartir (yo, no vidente) con una persona con carencia auditiva profunda, un pintor ruso en un encuentro de artistas y darme cuenta de que, al aceptar su invitación a poner las manos sobre sus cuadros (que no están en relieve), no importan tanto ni las pinturas ni las canciones sino los dos seres humanos que se reconocen detrás de sus “diferencias lingüísticas” y de expresión, detrás de sus silencios y sus palabras.

Hay Pentecostés cuando puedo disfrutar con alguien de tierras lejanas su música y su cultura, alegrarme con su alegría y vibrar con su vivencia, porque sé que ese amor se parece al mío, porque su nostalgia se parece a la mía y porque como cantan Cortez y Cabral:

No me llames extranjero porque haya nacido lejos

o por que tenga otro nombre la tierra de donde vengo.

No me llames extranjero porque fue distinto el seno

o por que acunó mi infancia otro idioma de los cuentos,

No me llames extranjero si en el amor de una madre,

tuvimos la misma luz en el canto y en el beso,

Con que nos sueñen iguales

las madres contra su pecho.

No me llames extranjero ni pienses de dónde vengo,

mejor saber dónde vamos, a dónde nos lleva el tiempo.

No me llames extranjero porque tu pan y tu fuego,

calman mi hambre y mi frío y me cobija tu techo.

No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo

tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego,

y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño…

Cuántas veces nuestros símbolos, nuestras formas, nuestros lenguajes, nuestros ritos, nuestras “certezas” nos impiden precisamente celebrar Pentecostés. Y me gusta recordar ese regalo del Espíritu, eso que escribe y canta Ana Lucía Vlieg::

Quien no está contra ti está contigo, Señor amado;

quien vive tu palabra, por tu evangelio se hace mi hermano.

Si es ajeno a mis ritos y tradiciones poco me importa;

Cuando en tu libertad su senda quiere andar

Y abraza al desvalido y al que está aislado En su soledad.

Quien no está contra ti está contigo, Señor amado;

quien lucha por tu causa por esa lucha se hace mi hermano.

Si utiliza otros signos para encontrarte poco me importa;

si se atreve a soñar con esa realidad,

con ese mundo nuevo que nos prometes, Dios de la paz.

Que no sean los gestos, las palabras, los símbolos religiosos y la religión, la discapacidad, las banderas, las etiquetas con las que vamos clasificando y encasillando la vida, lo que nos impida reconocernos. Que sirvan para tender puentes, para encontrarnos en el idioma del corazón y vivir así esa feliz y afortunada experiencia. ¡Que tengas Pentecostés”

Tags: Todas · Vida

1 respuesta por ahora ↓

  • 1 Paco // May 23, 2008 at 10:58 pm

    A veces hay un puente
    En la voz que nos despierta a la mañana.
    O lo hay
    En los dedos trenzados de dos manos.

    Ajenos a la ingeniería
    Surgen puentes invisibles
    En dos mejillas que se chocan
    De manera frontal o lateral.

    Puentes eléctricos bajo el volante
    Del coche robado;
    Puentes de sangre para el corazón
    Porque la pierna se presta al bypass
    Convencida de que es un baile de quirófano;
    Puentes aéreos a un lazo de avión,
    Con puente de simpatía incluido
    En la sonrisa de la azafata.
    ¡Quién diría que ladrones,
    Cirujanos y pilotos
    Trazan un puente cotidiano
    Para nuestro enfado,
    Nuestra salud
    Y nuestro turismo!

    Leí esta reflexión tuya, Patricia Elena…
    …y después vinieron estos versos.
    Un abrazo

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