La mayoría de nosotros, al menos alguna vez, nos hemos encontrado en ese sitio que bien podría ser visualizado como “a la orilla de un abismo”; ese lugar al borde de una decisión importante en el que no sabemos a ciencia cierta si dar el paso o abstenernos de hacerlo. Es un sitio reconocible: supone tomar un riesgo, abandonar algo que nos proporciona seguridad, placer momentáneo, comodidad; lanzarnos a las aguas de la vida y el escalofrío de lo desconocido se siente en todas las partes del ser, en la mente, en el corazón y hasta en la piel…
Los que hemos escuchado esa máxima moral que reza: “ante la duda, abstente”, nos preguntamos muchas veces si es ésa la mejor opción. Porque es cierto que “el que no arriesga, no gana”, “el que no nada, no cruza el río” y como dicen en el fútbol, “el que no hace los goles, los ve hacer”.
Conversando sobre esto con mi hermana hace unos días, ella me regaló una respuesta que, por sabia y sencilla, quise poner por escrito como parte de mis reflexiones.
“Mira, funciona así”, me dijo con su habitual sentido práctico, en tono coloquial y con esa claridad con la que sabe nombrar las cosas profundas. “Ante el miedo, dale p’alante, atrévete. Ante la duda, abstente. El problema de la mayoría de la gente es que no sabe reconocer si lo que siente es duda o miedo.”
Una vez que sabemos lo que debemos hacer, una vez que hay seguridad interior y claridad sobre el camino y la decisión que debemos tomar, aún así podemos sentir, y de hecho sentimos miedo. Pero el miedo sólo se combate con coraje. Los valientes, incluso los que llamamos héroes, son los que hacen lo que saben que deben hacer, aún a pesar de sus miedos.
Quizás esta soledadsea palpar horizontes
donde la noche se cierra
y andar, a pesar del miedo,
cuando tantos se recogen
al abrigo, y la montaña
se nos viene toda encima.
Soledad no es estar solo,
es vencer la compañía
que nos detiene y seguir,
con la mochila del riesgo,
consciente de la frontera
y el destino de ser hombre. Pedro Casaldáliga
No obstante, cuando no estamos seguros de una decisión, cuando nuestras reservas son serias, no podemos llevarla adelante porque no tendremos la capacidad de defenderla y eso es la duda. Por ello, una pregunta importante ante el abismo es: “¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué es esto: duda o miedo? ¿Sé claramente lo que debo hacer pero no me atrevo, o realmente no sé a ciencia cierta lo que debo hacer?
Atreverse a tocar la duda, a asumir nuestras búsquedas, a hacerlas a conciencia es no sólo un derecho, sino más que eso, un deber. ¡Cuántas veces ante el abismo damos un paso precipitado porque no nos damos el tiempo para tocar nuestros sentimientos, para entender lo que nos pasa, para “hacer la tarea”; la tarea de entrar dentro de nosotros, de escuchar adentro porque, como dijo hermosamente Atahualpa Yupanqui:
“En el trance de elegir, que mire el hombre pa’ adentro, ande se hacen los encuentros de pensares y sentires. Después que tire ande tire con la concencia por centro.” “El que duda y no investiga se torna no sólo infeliz, sino también injusto.” Blaise Pascal